La Capilla

En lo profundo de la cordillera andina, en un rincón donde la naturaleza mantenía su esencia pura e imponente, se alzaba una pequeña capilla que guardaba una historia única. Esta capilla, consagrada a Nuestra Señora de Aranzazu, se erigía como un faro espiritual y artístico, un lugar donde la fe y la creatividad se entrelazaban de manera asombrosa.

El exterior de la capilla era una obra de arte en sí misma. En la fachada, frescos originales pintados por la talentosa artista Nohora Regina Soto Bermeo adornaban la estructura, retratando momentos de la vida de Cristo y pasajes bíblicos que resonaban con las encíclicas del Papa Francisco. Cada trazo y pincelada parecían capturar la esencia misma de la hermandad humana y la importancia de cuidar el planeta que nos fue confiado.

La capilla era más que un lugar de oración; era un santuario del arte sagrado y la conexión entre lo divino y lo terrenal. En su interior, los vitrales diseñados por el artista Jorge Eduardo Romero iluminaban el espacio con una paleta de colores que parecía surgir del mismísimo arco iris. Cada vitral contaba su propia historia, representando momentos clave de la historia de la fe y la relación con la naturaleza.

 

LA CAMPANA

Fratelli tutti

Sin embargo, el corazón de la capilla residía en las imágenes expuestas en sus nichos. Estas imágenes, traídas desde la lejana ciudad de Quito, eran ejemplos impresionantes de arte religioso quiteño. Cada figura parecía cobrar vida con una reverencia que trascendía el tiempo y el espacio, recordándonos la rica tradición espiritual y artística que se había transmitido a lo largo de las generaciones.

Un elemento que otorgaba aún más significado a la capilla era la antigua campana en bronce, que había sido fundida en el mes de febrero de 1916. Cada vez que sus vibraciones recorrían el valle, eran como un llamado a la unidad y la fraternidad entre todas las personas. El sonido de la campana resonaba a través de los siglos, recordando a todos los visitantes la importancia de la solidaridad y el respeto por la creación.

La capilla se convirtió en un lugar de peregrinaje no solo para los fieles locales, sino también para aquellos que buscaban un refugio espiritual y una conexión profunda con el arte y la naturaleza. Los visitantes se maravillaban ante la belleza que emanaba de cada rincón de este sagrado lugar, y muchos encontraban inspiración para llevar las enseñanzas de las encíclicas del Papa Francisco a sus propias vidas.

Con el paso de los años, la capilla de Nuestra Señora de Aranzazu se convirtió en un testimonio vivo de la hermandad humana y la importancia de cuidar el medio ambiente que compartimos. Las encíclicas «Fatelli tutti» y «Laudato Si» del Papa Francisco se habían transformado en una realidad palpable en este rincón remoto de la tierra. Y así, la capilla seguía siendo un faro de esperanza y belleza, una obra maestra en madera y arte que unía corazones y almas en un solo propósito: ser verdaderamente hermanos y guardianes de nuestra casa común.

La campana fue regalada a doña Eli fundadora de este hermoso lodge

En honor a su esposo tambien se mantiene un campo de mas de 30 tipos de flores diferentes

La campana pertenecio a la primera iglesia de san agustin

Fue comprada y re acondicionada como regalo y muestra de amor

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